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automedcovidLa crisis del COVID-19 en Bolivia, se acentúa por la información falsa (infodemia), el temor a la muerte, falta de diagnóstico oportuno, servicios de salud colapsados, deficiencias en el liderazgo de autoridades y ausencia de un tratamiento específico.

La automedicación es una respuesta lógica a la ausencia de respuesta por parte del sistema de salud. La población desesperada busca alternativas en la medicina tradicional, curanderos e incluso en médicos que especulan tratamientos sin evidencia científica. En diversos medios y redes sociales se ofrecen “kits de emergencia”, incluso medios oficiales promueven medicamentos en caso de sospecha.

 

Esta situación lleva a la automedicación con antibióticos adquiridos sin prescripción médica en farmacias (Azitromicina, Levofloxacina, Amoxicilina, etc.), que tienen acción específica en infecciones bacterianas, pero no en infecciones virales. El mal uso de antibióticos puede generar resistencia bacteriana y problemas con la flora intestinal. En dosis inadecuadas, la Ivermectina y la Hidroxicloroquina, pueden ocasionar efectos secundarios importantes a nivel cardiaco y gastrointestinal.

El uso indiscriminado de antivirales (Oseltamivir, Rimantadina, Lopinavir/Ritonavir) puede generar resistencia al Virus de la Influenza y del VIH. Tomar corticoides (Dexametasona, Prednisona) sin prescripción, pueden ocasionar inmunodeficiencia, problemas metabólicos y endocrinos. Los anticoagulantes (Heparina, Warfarina), sin vigilancia profesional pueden ocasionar hemorragias que ponen en riesgo la vida. Los antiinflamatorios (Ibuprofeno o Aspirina) consumidos durante largos periodos generarán problemas gástricos y renales. Por esto es importante conocer el diagnóstico exacto de COVID-19, la evolución y fases de la infección antes de consumir medicamentos.

Se preconiza el uso del Dióxido de Cloro, como panacea del tratamiento para autismo, VIH y COVID-19. Este químico es un desinfectante que elimina gérmenes en superficies y no se ha demostrado con estudios de rigor científico su acción en el cuerpo humano. No debemos fiarnos de testimonios aislados por el efecto placebo, coincidencias o especulación de quienes promueven su uso.

Existen avances en el tratamiento de COVID-19, sin embargo la más simple y mejor alternativa es la prevención: barbijo, lavado frecuente de manos, distancia de 2 metros y evitar concentraciones. Además de evitar grasas y carbohidratos, realizar ejercicio, dormir bien; consumir vitamina C, D, zinc y antioxidantes como el selenio. Si todos cumpliéramos esto, la COVID-19 sería eliminada del planeta en menos de un mes.

Si bien el personal de salud está adquiriendo experiencia para tratar casos graves de COVID-19, es importante que nuestras autoridades del Ministerio de Salud, gobernaciones y municipios brinden insumos necesarios, infraestructura y personal suficiente para enfrentar la pandemia. Debemos tomar conciencia que la automedicación tiene efectos adversos para la salud, sobre todo los antibióticos, corticoides, anticoagulantes, antivirales, etc.

La sociedad civil organizada como el Instituto para el Desarrollo Humano, el Ministerio de Salud, Colegios médicos y universidades, deben realizar investigar, orientar a la población y mejorar los servicios de salud tanto en el tratamiento como en la prevención con participación de la comunidad.

Dr. Jhemel Garay

Medico responsable del área de salud del Instituto para el Desarrollo Humano

Publicado en Los tiempos, 26 de agosto 2020

https://www.lostiempos.com/actualidad/opinion/20200826/columna/crisis-sanitaria-bolivia-ansiedad-automedicacion

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